La vida cotidiana (actividades, hábitos, costumbres, rutinas, formas de hacer las cosas y nuestro tiempo de descanso, recreación) se modificó durante la cuarentena. Poco a poco iremos saliendo de ella, es así que muchos de nosotros estamos regresando, con ciertas restricciones, a una rutina diferente, en ella tenemos protocolos que respetar y nuevos comportamientos que asumir para protegernos del contagio del covid-19 por unos meses más, como vemos que ocurre en otros países. 

¿Cómo afecta esto en nuestra salud mental?

Es decir, nuestro equilibrio emocional, la manera de relacionarnos, nuestra concentración para trabajar. De regreso físicamente al trabajo tenemos tres distractores importantes: 

1. Seguimiento de Protocolos

Por un lado, la atención a todos los detalles del protocolo, desinfecciones, distancias, evitar tocar superficies, limpiar constantemente etc. Por momentos podemos sentir agobio y deseos de no hacerlo, parece complicado y a veces también lo es. Sin embargo, con paciencia, haciéndolo despacio, una cosa a la vez y pensando que con cada acción estamos protegiéndonos, hará que estos comportamientos se automaticen más rápido. 

Protocolos de salud2. Temor al contagio

Debido a la emergencia sanitaria, nuestro cerebro está con la alarma encendida por temor al contagio de covid-19 y las consecuencias que trae. Esto implica un nivel de estrés subyacente, una sobre alerta permanente que nos predispone a distraernos y a equivocarnos. 

Ya que estamos cambiando de hábitos, tengamos como uno importante el respirar conscientemente, lento y profundo antes de salir de casa, al llegar a la oficina y en cualquier momento en que nos sintamos amenazados, 10 veces es suficiente para tranquilizarnos y recuperar la concentración. Es importante recordar que la organización ayuda mucho al control de las emociones, cada día listar los trabajos a realizar, ir marcando lo hecho, evaluar al final de la jornada y señalar los pendientes. 

saludmentalpostcovid3. Estigma

Por otro lado, cada vez es mayor la información sobre personas que se han contagiado y que conocemos, directa o indirectamente.  Nuestros amigos, familia, compañeros de trabajo o sus familiares. Resistamos la tentación de etiquetar, por el apuro, a una persona contagiada como “el/la covid” “el/la contaminado/a” “viene del distrito contaminado” etc.  Hazle saber a alguna persona que lo hace, etiquetar estigmatiza a las personas y el estigma discrimina, crea distancia y es opuesto a la empatía y a la salud social. Ahora más que nunca necesitamos comunidades solidarias y empáticas, en el trabajo, en la familia, en la sociedad, la pandemia nos golpea a todos por igual. 

Por último recuerda que el distanciamiento social no implica que dejemos de ser empáticos, amables y solidarios con nuestros compañeros de trabajo. Seguir los protocolos, normas de convivencia, pero, sobre todo, respetándonos lograremos una mejor convivencia en la oficina, tendremos tranquilidad, menor estrés un mejor desempeño en nuestras labores. 

estigma covid-19